miércoles, 18 de marzo de 2009
lunes, 16 de marzo de 2009
Por los gay de Latinoamérica

Mientras que el tema de los derechos de los gay se discute en cada rincón de Estados Unidos, desde Carolina del Norte hasta Hawaii, pasando por California y Nueva York, hay otras zonas del mundo donde la comunidad LGTB también está librando una batalla por lograr la igualdad.
América Latina es una de las regiones donde la discriminación hacia los gay es algo cotidiano. Precisamente para hablar de esta problemática, la semana pasada se realizó en la ciudad de Los Angeles una conferencia denominada “Arco Mundial de Justicia”, en la cual se tocaron diversos temas que afectan a los miembros de la comunidad LGTB desde México hasta Argentina.
Sin duda que al igual que en Estados Unidos, en Latinoamérica uno de los puntos más controversiales es el del matrimonio gay. Sin embargo, en algunos países de la región se han alcanzado avances importantes que incluso superan algunos de los logros que se han obtenido en diversos estados de la Unión Americana. Por ejemplo, en Colombia y Uruguay ya se reconoce legalmente a las parejas del mismo sexo, que aunque no es considerado matrimonio, sí se les otorgan derechos como a las parejas heterosexuales en todo el territorio nacional. En el mismo sentido, en algunas regiones de Argentina, por ejemplo, ya se reconocen las uniones civiles.
Pero a pesar de estos avances y otros destacados como la reciente inclusión en las nuevas constituciones de Bolivia y Ecuador de cláusulas explícitas contra la discriminación por la orientación sexual, en América Latina todavía debe haber un gran progreso en relación al tema de la violencia y a la forma en cómo la Iglesia sigue “condenando” a los gay, algo que de alguna manera ayuda a aumentar la discriminación y la injusticia.
Es excelente que se celebren este tipo de conferencias que tratan la problemática de los gay latinos. Pero sería más provechoso, que sea en los mimos países Latinoamericanos en donde se realicen estas discusiones, para ayudar así a impulsar que nuestras sociedades sean cada vez más abiertas y acepten que las personas gay tienen que disfrutar los mismos derechos que cualquier ser humano.
sábado, 7 de marzo de 2009
Los gay no son ciudadanos de "segunda clase"

Sin duda que el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo es uno de los más polémicos en la lucha que la comunidad gay libra por conseguir igualdad de derechos. Más que la cuestión de las adopciones o el poder servir en el Ejército, el tema de las uniones gay enciende las pasiones de una manera extrema en los grupos que lo apoyan o rechazan.
Esta controversia está en pleno apogeo en Estados Unidos, principalmente porque en el estado que se considera el más “liberal” del país, California, se está llevando a cabo una batalla legal en la Corte Suprema de Justicia estatal para definir el futuro de la llamada Proposición 8 (una normativa aprobada el pasado 4 de noviembre en las elecciones generales, y que prohíbe el matrimonio gay en este estado).
El pasado jueves 5 de marzo tanto defensores como detractores expusieron sus argumentos ante ese Máximo Tribunal, el cual tendrá 90 días para decidir el futuro de la Propensión 8. En sus manos está determinar si esa mayoría que votó por la norma en las pasadas elecciones –fue aprobada con el 52% de los sufragios- tiene la potestad de quitarle o darles un derechos a una minoría.
Uno de los principales aspectos que hacen del tema del matrimonio gay uno extremadamente controversial, es que además de dilucidar “qué tipo de ciudadanos” son las personas gay, si iguales a todos los demás o son de "segunda categoría", también envuelve el asunto religioso que hace que el debate sea bien polarizado.
Por un lado están los grupos gay radicales, que no aceptan bajo ninguna circunstancia que las uniones del mismo sexo se llamen de otra forma que no sea “matrimonio”, y por otro lado están los grupos religiosos que defienden la postura de que el matrimonio es una “institución sagrada” que define a la familia, la cual, ante “los ojo de Dios”, esta creada sólo por un hombre y una mujer.
Ambas partes deben entender que lo importante en este asunto no es si a las uniones gay se les llama matrimonio o no. Aquí, lo fundamental es reconocer que las personas gay deben tener los mismos derechos que cualquier ciudadano a casarse con su pareja. Estas uniones deben ser reconocidas bajo las leyes estatales y federales y permitirles gozar de los más de 1.000 beneficios y derechos que otorga la Constitución a las parejas heterosexuales.
En California existen ahora unas 18.000 parejas gay que están en el limbo en medio de esta polémica. La Proposición 8 enmendó la Constitución estatal para contrarrestar una decisión de mayo del 2008 de la Corte Suprema, que legalizó el matrimonio gay al ratificar que negar el derecho al casamiento a las parajes del mismo sexo era una violación inconstitucional a los derechos civiles. El jueves este mismo tribunal escuchó argumentos en tres puntos: si la Proposición 8 no es inconstitucional, entonces cual será su efecto en las parejas que se casaron antes de su aprobación; si la Propuesta 8 es inválida ya que es sólo una revisión de la Constitución estatal y no una en enmienda a la misma; y si además viola la doctrina de la separación de poderes amparados en la Constitución estatal.
Esperamos que la Corte Suprema de Justicia de California vuelva a tomar esta vez una decisión sensata, que no debe ser otra que el terminar con la discriminación y demostrar que no deben existir ciudadanos de “segunda clase”, con menos derechos que otros.
Pónganle el nombre que quieran: matrimonio, uniones civiles o casamientos. Lo importante es darle a los gay derechos fundamentales, y que sus relaciones de pareja tengan los mismos beneficios de las uniones heterosexuales, como la visitas en hospitales, la herencia e incluso leyes migratorias. Todos los ojos de la nación están sobre este estado. Esperemos que California de el ejemplo.
martes, 3 de marzo de 2009
Harvey Milk: un héroe que merece ser reconocido

La mayoría de las personas asocian a los héroes con individuos que han logrado importantes proezas principalmente el área militar. Este es el caso de los próceres que lucharon por la Independencia o los soldados que a diario arriesgan su vida en lugares como Irak. Pero tal y como lo describe el diccionario, un “héroe es toda persona que ha realizado una hazaña admirable y para la cual se requiere mucho valor”.
Así como Martin Luther King, Jr. es considerado un héroe del movimiento por los derechos civiles de los negros en EEUU, Harvey Milk es visto como una de las principales figuras de la lucha por la igualdad para la comunidad gay. Aunque para muchos era un personaje desconocido antes de que saliera la película “Milk”, incluyendo a las nuevas generaciones gay en este país, su causa ya lo había colocado en la historia como uno de los héroes del “movimiento gay”.
Es por ello que este martes 3 de marzo el actor Sean Penn, quien el pasado 23 de febrero ganó un Oscar como mejor actor por su interpretación de Harvey Milk, introdujo junto a un grupo de activistas y políticos locales una legislación para que el estado de California reconozca oficialmente el “Día de Milk”, que coincidiría con la fecha de su nacimiento. El año pasado, cuando se cumplían 30 años del asesinato de Milk en la Alcaldía de San Francisco, el gobernador de California Arnold Scharzenegger vetó una legislación similar. Argumentó entonces, que Milk debería ser honrado sólo en San Francisco y no a nivel estatal.
¿Será que la lucha de King Jr. sólo se debería conmemorar en Atlanta, donde nació, o en Washington a donde llevó su movimiento? No es que estemos comparando la proeza de ambos líderes, sino la injusticia en reconocer como las aspiraciones de uno y otro por lograr la igualdad trascendió más allá de los lugares geográficos donde sus movimientos tuvieron su epicentro. Tras tres fracasos electorales Milk fue electo en 1977 como miembro de la Juta de Supervisores de San Francisco, convirtiéndose en la primera persona abiertamente gay en ocupar un cargo público de importancia a nivel nacional. El fue un héroe, no sólo para los gay de San Francisco, sino para familias heterosexuales, ancianos y personas de clase trabajadora que le dieron su voto, porque vieron una posibilidad de lograr mejoras en sus vidas así como leyes justas que los protegieran. Para las nuevas generaciones también es un héroe, por abrir las puertas que han permitido a la comunidad gay logra una mayor presencia política y a su vez impulsar de una manera más efectiva el movimiento por la igualdad.
Algo que el gobernador Scharzenegger quizás no entienda, es que gente apasionada en la luchar contra la discriminación como fue lo Milk, han sido las que han permitido que, por ejemplo, un inmigrante pueda ver como se hace realidad su “Sueño Americano” e incluso llegue a convertirse en el gobernador del estado más grande del país más poderoso del mundo. Harvey Milk merece ese reconocimiento.
domingo, 1 de marzo de 2009
Argentina da un paso positivo hacia la igualdad

La lucha por la igualdad y reconocimiento de los derechos de la comunidad gay es extremadamente difícil. En lugares como América Latina, por ejemplo, esta batalla es aún más dura debido a los prejuicios culturales y religiosos. Es por ello que se debe elogiar de manera especial cuando en algún país latinoamericano se dan pasos, por pequeños que sean, para lograr esos objetivos.
Esta semana se anunció en México que Miguel Galán buscará convertirse en el primer alcalde gay del país. El político de 31 años aspirará el próximo 5 de julio a la alcaldía de Guadalajara, la mayor ciudad del estado de Jalisco, con más de 3 millones de habitantes. Otra noticia aún más trascendental para nuestra comunidad, es la entrada en vigor esta semana en Argentina del nuevo Código de Justicia Militar, que erradica el castigo de prisión por homosexualidad que en el viejo código, que estaba vigente desde hacía 58 años, era visto como un “delito de honor”.
El que las personas puedan ingresar a la carrera militar sin tener que esconder su orientación sexual rompe con uno de los mayores tabúes de la sociedad: el aceptar que sí hay gay en las fuerzas armadas.
Estados Unidos es un claro ejemplo de la discriminación en las filas castrenses. En este país no se puede ser “abiertamente gay” en el Ejército. Y aunque con la ley “Don’t ask, don’t tell” (No preguntes, no digas) introducida por el entonces presidente Bill Clinton en 1993 se ha permitido a los gay entrar en la carrera militar, todavía sigue vigente la prohibición explícita de la homosexualidad en la institución armada.
Esta ley federal imposibilita a cualquier gay o bisexual revelar su orientación sexual mientras estén sirviendo, y por otra parte prohíbe a los superiores preguntar directamente o iniciar cualquier investigación sobre la sexualidad de un subordinado.
Pero aunque con “Don’t ask, don’t tell” los aspirante a militar no han tenido que mentir más para ingresar y seguir en el Ejército, por otra parte los obliga a mantener “en secreto” su orientación sexual y cualquier relación gay. Es un doble estándar que no ha frenado la discriminación y evitado que soldados que incluso han arriesgado su vida en Irak y Afganistán sean expulsados. Argentina ha dado un paso positivo en el camino hacia la igual de los seres humanos, al tomar una decisión que celebramos y que debería servir de ejemplo para la nueva administración en Washington que se ha jactado de presumir que será un gobierno del cambio, un cambio del cual la comunidad gay también espera beneficiarse.
Esta semana se anunció en México que Miguel Galán buscará convertirse en el primer alcalde gay del país. El político de 31 años aspirará el próximo 5 de julio a la alcaldía de Guadalajara, la mayor ciudad del estado de Jalisco, con más de 3 millones de habitantes. Otra noticia aún más trascendental para nuestra comunidad, es la entrada en vigor esta semana en Argentina del nuevo Código de Justicia Militar, que erradica el castigo de prisión por homosexualidad que en el viejo código, que estaba vigente desde hacía 58 años, era visto como un “delito de honor”.
El que las personas puedan ingresar a la carrera militar sin tener que esconder su orientación sexual rompe con uno de los mayores tabúes de la sociedad: el aceptar que sí hay gay en las fuerzas armadas.
Estados Unidos es un claro ejemplo de la discriminación en las filas castrenses. En este país no se puede ser “abiertamente gay” en el Ejército. Y aunque con la ley “Don’t ask, don’t tell” (No preguntes, no digas) introducida por el entonces presidente Bill Clinton en 1993 se ha permitido a los gay entrar en la carrera militar, todavía sigue vigente la prohibición explícita de la homosexualidad en la institución armada.
Esta ley federal imposibilita a cualquier gay o bisexual revelar su orientación sexual mientras estén sirviendo, y por otra parte prohíbe a los superiores preguntar directamente o iniciar cualquier investigación sobre la sexualidad de un subordinado.
Pero aunque con “Don’t ask, don’t tell” los aspirante a militar no han tenido que mentir más para ingresar y seguir en el Ejército, por otra parte los obliga a mantener “en secreto” su orientación sexual y cualquier relación gay. Es un doble estándar que no ha frenado la discriminación y evitado que soldados que incluso han arriesgado su vida en Irak y Afganistán sean expulsados. Argentina ha dado un paso positivo en el camino hacia la igual de los seres humanos, al tomar una decisión que celebramos y que debería servir de ejemplo para la nueva administración en Washington que se ha jactado de presumir que será un gobierno del cambio, un cambio del cual la comunidad gay también espera beneficiarse.
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